lunes, 28 de noviembre de 2016

Este blog fue elaborado por estudiantes de Licenciatura en Lenguaje y Literatura en la cátedra de Estudios Culturales III con el objetivo de proporcionar información sobre las tendencias actuales de los Estudios Culturales.

Estudios Culturales Latinoamericanos 

Aproximación al término “Estudios Culturales”

El término Estudios Culturales se usa para referirse a un abanico de metodologías interdisciplinarias de investigación, es decir que constituyen un campo de investigación de carácter interdisciplinario que explora las formas de producción o creación de significados y de difusión de los mismos en las sociedades actuales (Szurmuk y Mckee Irwin, 2009).
Los Estudios Culturales surgieron en Inglaterra durante la segunda posguerra. Esta etapa estuvo marcada por un considerable aumento del acceso a la educación e ingreso a las universidades de su población menos favorecida, como mecanismo para la reconstrucción y mejoramiento del país. Para Quirós (2003) el objetivo de los estudios culturales es definir el estudio de la cultura propio de la sociedad contemporánea como un terreno de análisis conceptualmente importante, pertinente y teóricamente fundado. La palabra cultura engloba tanto los significados y los valores que surgen y se difunden entre las clases y los grupos sociales.
Viñas Piquer (2002) sostiene que los “Estudios Culturales se presentan como la última gran tendencia de la actividad intelectual, que se presenta en el contexto del posmodemismo, como alternativa a disciplinas académicas como la sociología, la antropología, las ciencias de la comunicación y la crítica literaria” (Viñas Piquer, 2002, P. 571). Añade que quienes siguen esta corriente convierten en objeto de estudio o de investigación la cultura popular o, más exactamente, se centran en la observación etnográfica de las dispersiones y fragmentaciones político-sociales y discursivas producidas por el capitalismo tardío.
Definido el concepto y objetivo de los estudios culturales se vuelve necesario dilucidar el origen de los mismos. El término fue acuñado por Richard Hoggart en 1964 cuando fundó, en ese mismo año, el llamado Centro de Estudios Culturales contemporáneos o CCCS (Centre for Contemporary Cultural Studies) en Birmingham. La institución se centra especialmente en analizar una forma específica del proceso social, correspondiente a la atribución de sentido a la realidad, al desarrollo de una cultura, de prácticas sociales compartidas, de un área común de significados.                                                                        
El trabajo de los estudios culturales se inicia diez años antes de 1960 y es simbolizado por tres figuras principales que constituyen los fundadores de este proyecto intelectual. Estos son: Richart Hoggart, Edward P. Thompson y Raymond Williams. A estos tres autores finalmente se sumó Stuart Hall. Para Urteaga (s. a) constituyen la segunda generación de los estudios culturales la forman intelectuales como Charlotte Brunsdon, Phil Cohen, Cas Critcher, Somin Frith, Paul Gilroy, Dick Hebdige, Dorothy Hobson, Tony Jefferson, Andrew Lowe, entre otros.
Las investigaciones iniciales realizadas en el CCCS se fundamentaron en los trabajos de Hoggart y la sensibilidad reflexiva ante las vivencias de la vida cotidiana de la clase obrera. La referencia bibliográfica revisada muestra que en los Estudios Culturales hay tres tendencias, la de los estudios europeos, estadounidenses y latinoamericanos. En el presente documento nos centraremos en los últimos.
Para Restrepo (s. a) los estudios culturales constituyen un proyecto intelectual y político que: 1) concibe la cultura-como-poder y el poder-como-cultural; 2) suponen un enfoque no reduccionista que se expresa en una actitud transdisciplinaria; 3) implican una vocación política que busca intervenir sobre el mundo; y 4) su encuadre es el contextualismo radical (con respecto a su forma de teorización, a las metodologías utilizadas, a su conceptualización de la política y su propio proyecto).

Orígenes de los Estudios Culturales Latinoamericanos

Al hablar de estudios culturales es necesario hacer referencia a su origen. Pues bien, los Estudios Culturales surgieron como un campo interdisciplinario en el mundo angloparlante en los años cincuenta y sesenta, como parte de un movimiento democratizador de la cultura (Szurmuk y Mckee Irwin, 2009).
Ahora bien, se vuelve importante ocuparse específicamente del área de los estudios culturales latinoamericanos, una empresa interdisciplinaria y multifacética enfocada en la cultura latinoamericana; pues bien, según Szurmuk y Mckee Irwin (2009) en América Latina, el uso del concepto de estudios culturales es reciente. Este parte de la tradición británica, también tiene su origen en una tradición que se remonta a la ensayística del siglo XIX y al ensayo crítico del siglo XX. Existe diversidad de temas y enfoques que forman parte de los estudios culturales latinoamericanos  a  principios del siglo XXI. Por lo tanto, se presentan como un campo intelectual diverso, interdisciplinario y político.
En América Latina la marca de lo político a partir de los años treinta ha sido tradicionalmente marxista y se institucionalizó en 1959 con la revolución cubana y los movimientos revolucionarios de los años sesenta y setenta. Estos movimientos crearon una narrativa continental que imagina a América Latina como unidad y que se ocupa de la relación entre la cultura y los destinos políticos. La marca de lo cultural en los movimientos revolucionarios latinoamericanos es notable y determina tanto lo político como lo literario.
Según Szurmuk y Mckee Irwin (2009):
La genealogía de los estudios culturales latinoamericanos es múltiple. Su formación se puede pensar como un proceso de retroalimentación constante entre diferentes grupos de la sociedad civil, modos culturales populares, instituciones culturales, estados nacionales, corrientes de pensamiento internacional y continental (Pp. 11 y 12).
De acuerdo con estos autores algunos momentos importantes en el desarrollo de los estudios culturales latinoamericanos son: 1) la tradición ensayística latinoamericana de los siglos XIX y XX;
2) la recepción de los textos de la Escuela de Frankfurt, del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham y los del posestructuralismo francés;
 3) la relación horizontal (sur-sur) con desarrollos intelectuales y proyectos académicos de otras áreas geográficas como los estudios del subalterno y el poscolonialismo;
 4) el desarrollo de una agenda de investigación en estudios culturales latinoamericanos en Estados Unidos –relacionada con movimientos sociales de políticas de identidad: feminismo, movimientos chicano y afroamericano, militancia gay y con su importante papel en la incorporación de teoría crítica multidisciplinaria y en su cuestionamiento de cánones y epistemologías–.
En cuanto a la tradición ensayística latinoamericana de los siglos XIX y XX, Szurmuk y Mckee Irwin (2009) sostienen que los estudios culturales latinoamericanos tienen su origen en la rica tradición Ensayística, dichos estudios han seguido varias de las líneas de pensamiento o temas de debate de la tradición ensayística continental (la identidad latinoamericana, las idiosincrasias que distinguen la cultura latinoamericana de la europea o la estadunidense, la diferencia racial y el mestizaje, la transculturación y la heterogeneidad, la modernidad, entre otros).
Los estudios se enfocaban en figuras significativas como Andrés Bello, Sarmiento, José Martí, José Enrique Rodó, Manuel González Prada, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, entre otros.  Además hay figuras fundamentales del ensayo en el entorno regional que tienen alcance continental, como Ezequiel Martínez Estrada para el Río de la Plata, Octavio Paz para México, Aimé Césaire para el Caribe francófono, Darcy Ribeiro y Gilberto Freyre para Brasil. (Ibíd. Pp. 12 y 13).
Con los planteamientos anteriores se evidencia que los estudios culturales se presentan siempre como una práctica de intervención política. Los textos ensayísticos latinoamericanos de los autores mencionados de los siglos XIX y XX plantearon la necesidad de pensar las diferentes sociedades latinoamericanas desde las relaciones étnicas, las emergentes identidades nacionales y la relación entre modernidad y modernización. Para ello se vale de diversas disciplinas como la historiografía, crítica literaria, estudios de folklore, antropología, ciencias políticas, educación, entre otras (Szurmuk y Mckee Irwin, 2009, P. 13).
El segundo momento; la recepción de los textos de la Escuela de Frankfurt, del Centro para Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham y los del posestructuralismo francés; en este uno de los puntos más conocidos del debate sobre la validez de los estudios culturales como un proyecto intelectual que puede ofrecer recursos interpretativos para la realidad latinoamericana, es su genealogía.
 La apropiación, traducción y reformulación de teorías de la cultura surgidas en la Europa de la posguerra, especialmente los trabajos de la Escuela de Frankfurt (Theodor Adorno, Walter Benjamin, Max Horkheimer), el nuevo marxismo (Louis Althusser, Antonio Gramsci), los estudios culturales británicos (Raymond Williams, Richard Hoggart, Stuart Hall) y el posestructuralismo francés (Michel Foucault, Jacques Lacan) ha sido fundamental para la definición y diseño de proyectos intelectuales en América Latina, igual que otros intelectuales franceses como Roland Barthes, Michel de Certeau, Gilles Deleuze y Pierre Bourdieu. En algunos casos notables, como el de Lacan, la recepción fue anterior y mucho más masiva en América del Sur que en América del Norte.
En lo que respecta a la relación vertical (sur-sur) con desarrollos intelectuales y proyectos académicos de otras áreas geográficas como los estudios del subalterno y el poscolonialismo, se refiere a que lo poscolonial surge como rama de los estudios culturales en la academia estadunidense recogiendo una serie de preocupaciones y textos surgidos en África, Asia, Caribe y América Latina. Fueron empleados por universidades estadunidenses y funcionan como materia prima para elaboraciones teóricas de una serie de pensadores del tercer mundo educados en instituciones de élite del primer mundo como Gayatri Chakravorty Spivak, Homi Bhabha y Edward Said. Estos autores combinan enseñanzas de las Escuelas de Birmingham y del posestructuralismo francés incorporando a sus trabajos la obra de Derrida (Spivak), de Lacan (Bhabha) y de Foucault (Said).
Considerados a veces como parte de los estudios poscoloniales, los estudios del subalterno surgen como trabajo colectivo de un grupo de historiadores de formación gramsciana en el sudeste asiático que estudian a contrapelo la historia de los subalternos para construir una nueva lectura de la relación entre hegemonía y subalternidad. Esto tuvo eco en las áreas menos estudiadas desde los campos tradicionales de los estudios literarios y la historia del arte, como el área andina y Centroamérica, con enfoque particular en la expresión indígena y el género del testimonio.
Por último, el desarrollo de una agenda de investigación en estudios culturales latinoamericanos en Estados Unidos y la participación importante de académicos latinoamericanos que trabajan en las universidades mexicanas y estadunidenses.
 Entre 1996 y 1997 la revista británica Journal of Latin American Cultural Studies realizó una serie de entrevistas a intelectuales latinoamericanos que cultivaban prácticas de investigación y escritura adscritas, en términos generales, a los estudios culturales. Estos intelectuales están realizando un tipo de investigación dentro de agendas de investigación nacionales o independientemente de programas estadunidenses.
Los estudios culturales latinoamericanos son organizados como tales en la academia estadunidense en diálogo con los estudios culturales anglófilos, el posestructuralismo francés, el poscolonialismo, los estudios del subalterno y una serie de movimientos locales surgidos de los movimientos de derechos civiles de los años sesenta como son los programas de estudios chicanos, afroamericanos, queer, de género, asiático-americanos, entre otros.
En  América  Latina  se  produjo un  efecto  del  campo generado  por  intereses  institucionalesacadémicos, que impusieron un rótulo a una serie de trabajos que se venían realizando enel cruce de tres disciplinas: antropología cultural, sociología y la  comunicación social (Padilla, 2003).
Por su parte, Rosas Pineda (noviembre 2012- enero 2013) plantea que en Latinoamérica lo popular fue la protagonista de la emergencia de los estudios culturales, y  por ello el objetivo de los estudios se dirigía a lo popular, a  la cotiedaneidad, ligado con las relaciones de poder y connotación política, y el clima propicio para el surgimiento de estos se dio entre los 70´s y los 80´s. Es en los 80´s cuando el ofrecimiento de las investigaciones en cultura funge como una propuesta viable para entender el papel de los medios, la cultura popular y la relación con la construcción de identidades o los estragos de la globalización.

Representantes de los Estudios Culturales en Latinoamérica

En América latina los Estudios Culturales se han desarrollado de la mano de Jesús Martin Barbero, Néstor García Canclini, Renato Ortiz, Orozco, entre otros que daría inicio a los hoy conocidos y difundidos Estudios Culturales Latinoamericanos. A continuación se presenta un esbozo biográfico, libros con los cuales los intelectuales dan sus aportes al desarrollo de los estudios culturales en esta área.


Jesús Martín Barbero
Nacido en Ávila, España, en 1937. Estudió Filosofía en el Instituto de Filosofía de Lovaina, Bélgica, donde se doctoró en 1971, e hizo estudios de posdoctorado en Antropología y Semiótica en la Escuela de Altos Estudios de París.
Ha publicado los siguientes libros: Comunicación masiva: discurso y poder, Ciespal (1978); Comunicación educativa y didáctica audiovisual, (1979); Introducción al análisis de contenido (1981); De los medios a las mediaciones (1987); Comunicación y culturas populares en Latinoamérica (1987).
Jesús Martín Barbero propone un debate sobre la investigación en comunicación siguiendo un plano internacional, desde el punto de vista cultural para que así se analicen procesos económicos, sociales y políticos; de este punto parte para hacer una investigación sobre las mediaciones (formas, condiciones y espacios desde el que los medios de comunicación son producidos y consumidos), proceso por el cual se analiza el discurso narrativo de los medios y como este se adapta a la población y como cada cultura descubre su identidad por medio de estos.
Martín Barbero propone tres factores por medio de los cuales se pueda observar las diversas vertientes de la producción cultural en la mediación: la vida cotidiana familiar, la conexión de los ritmos temporales y géneros de los medios. El análisis se desplaza de los medios a las mediaciones.
El trabajo de Barbero marca una pauta para varios investigadores que comparten la idea que la comunicación es una cuestión de cultura y, por ende, de conocimientos y reconocimientos de verdades culturales y sujetos sociales (Quirós, 2003).

Néstor García Canclini: Nació en Argentina en 1939. Estudió letras y se doctoró en 1975 en la Universidad Nacional de La Plata y, tres años después, con una beca otorgada por el Conicet, se doctora en la Universidad de París. Ejerció la docencia en la Universidad de La Plata (1966-1975) y en la Universidad de Buenos Aires (1974-1975). Desde 1990, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, donde dirige el Programa de Estudios sobre Cultura.
Entre sus libros, traducidos a diversas lenguas, se encuentran: Arte popular y sociedad en América Latina (1977), La producción simbólica. Teoría y método en sociología del arte (1979), Las culturas populares en el capitalismo (1982), ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de lo popular? (1986), Cultura transnacional y culturas populares (1988), Culturas híbridas.
García Canclini sostiene que hasta mediados de nuestro siglo, cuando las cuestiones culturales eran ocupación casi exclusiva de escritores y filósofos, los antropólogos fueron los únicos científicos sociales que las consideraron de forma sistemática como parte de los procesos sociales. La antropología, al dedicar su investigación a pueblos como a las estructuras económicas y políticas (Padilla, 2003).
García Canclini afirmó también al estudiar el libro de Barbero que hay una necesidad de ofrecer una refutación teórica a las ilusiones románticas, al reduccionismo de tantos marxistas y al aristocratismo frankfurtiado (Quirós, 2003).
Walter D. Mignolo
Es profesor titular de la cátedra William H. Wanamaker del Departamento de Romance Studies y director de Global Studies and Humanities del John Hope Franklin Center for International and Interdisciplinary Studies en la Universidad de Duke (Durham, Carolina del Norte, Estados Unidos). Es codirector de la revista Disposition y cofundador y codirector de la revista Nepantla: Views from the South. Sus publicaciones más importantes son The Darker Side of the Renaissance: Literacy, Territoriality and Colonization, Local Histories/Global Designs: Coloniality, Subaltern Knowledges and Border Thinking (2000; traducido como Historias locales, diseños globales: colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo, 2003) y, sobre todo, The Idea of Latin America (2005; traducido como La idea de América Latina. La herida colonial y la opción decolonial, 2007).
The Idea of America Latina resume perfectamente la trayectoria intelectual del profesor Mignolo. El texto original en inglés apareció en la serie de los Blackwell Manifestos –dedicada a tópicos como la raza, la religión, la historia, la geografía, la teoría literaria, el cine, los estudios sobre Shakespeare o el modernismo con un decidido sesgo polémico y desafiante dentro de los Estudios Culturales–, junto a The Idea of Culture de Terry Eagleton, The Rhetoric of Rhetoric de Wayne C. Booth o The Future of Environmental Criticism de Lawrence Buell, entre otros títulos.
 En cierto modo, la estructura de la serie ha condicionado la redacción de The Idea of America Latina. El profesor Mignolo reconoce que, si hubiera podido añadir un cuarto capítulo a los tres primeros –“The Americas, Christian Expansion, and the Modern/Colonial Foundation of Racism”, “Latin America and the First Reordering of the Modern/Colonial World” y “After Latin America: The Colonial Wound and the Epistemic Geo-/Body-Political Shift”, a los que sigue un postfacio, “After America”–, habría tratado de profundizar en la oposición entre la idea de América «Latina» y las ideas de naturaleza y cultura en un sentido muy distinto al de las grandes narraciones occidentales que las oponen. «Para los pueblos indígenas, los opuestos pueden coexistir sin negarse» (Lastra, 2008).
Renato Ortiz
Nació en Ribeirão Prêto, São Paulo, Brasil, en 1947. Estudió sociología en la Universidad París VIII y se doctoró en Sociología y Antropología en la École de Hautes Études en Sciences Sociales de París. Investigador del Latin American Institute de Columbia y del Kellog Institute de la Universidad de Notre Dame y profesor visitante en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de México. Su trabajo gira en torno a los problemas de la globalización y las culturas locales, desde una óptica propia de los estudios culturales. Ha publicado, entre otros, los libros: La conciencia fragmentada, Cultura brasileña e identidad nacional, A morte branca do feiticeiro negro; Cultura y modernidad,Otro territorio, Modernidad y espacio. Benjamin en París, Japón y la modernidad-mundo, Lo próximo y lo distante.
El proceso de mundialización de la cultura, para Renato Ortiz, es un proceso que contiene reglas, modelos que son hegemónicos con la gran diferencia de que éstos son mundiales y no globales. Es por ello que no se da una identidad global, no hay una cultura global y puede que tampoco se de un gobierno global. No puede existir una cultura mundial.
Renato Ortiz dice que la mundialización debería traducirse en una igualdad de derechos sociales y no de formas culturales. Es por eso que para él lo que se globaliza es el mercado acompañado de la tecnología y lo que se mundializa es la cultura, es decir, que el primer proceso se posesiona como una táctica económica y tecnológica para así poder expandir sus macroempresas y corporaciones financieras, apropiándose, por lo general, de los recursos de los países pobres; y el segundo proceso que da a conocer una red de imaginarios, tanto individuales como colectivos, a través de industrias culturales. Aclara diciendo que se está pasando por una época en donde surgen conceptos nuevos para la comprensión de un conjunto de fenómenos también nuevos y es por ello que quiere dar a conocer ante todo cuáles son las fuerzas estructurantes más importantes en el contexto de la sociedad globalizada y de la mundialización de la cultura (Ortiz, 2010).

Para enriquecer el conocimiento del origen de los Estudios Culturales haz click en el siguiente vídeo:


BIBLIOGRAFÍA

Auza Garrido, M.A. (s. a). Ficciones y realidades de los Estudios culturales. Recuperado de: http://www.flacsoandes.edu.ec/web/imagesFTP/1247157353.Maria_Auza.pdf
Escosteguy, A.C. (Junio, 2002). Una mirada sobre los estudios culturales latinoamericanos. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. Vlll, núm. 15, Pp. 35-55.
Padilla, M. (2003). De sastres académicos. Los estudios culturales como modalidad sin objeto. Revista Confluencia, año 1, número 1.
Quirós, F. (2003). De críticos a vecinos del funcionalismo. Recuperado de Periodismo II Los estudios culturales: http://www.infoamerica.org/documentos_pdf/quiros01.pdf
Restrepo, E. (s. a). Estudios Culturales en América Latina. Revista de Estudios Culturales.
Rosas Pineda, K. L. (noviembre 2012- enero 2013). Primera Revista Electrónica en   América Latina Especializada en Comunicación.
Ortiz, R. (Octubre de 2010). Recuperado de: http://renatortizteocom.blogspot.com/
Szurmuk, M., y Mckee Irwin, R. (2009). Diccionario de Estudios Culturales   Latinoamericanos. México D.F: Siglo XXl Editores. Recuperado de: https://elpaginaslibres.files.wordpress.com/2009/12/diccionario-de-estudios-culturales-latinoamericanos.pdf
Urteaga, U. (s. a). Orígenes e inicios de los estudios culturales.
Viñas Piquer, D. (2002). Historia de la crítica literaria (1 ed.). Barcelona: Ariel.